La nostalgia no es mi amiga

No siempre somos lo que proyectamos Esta es la reflexión que me hago y que con la llegada de las redes sociales veo como camuflamos la realidad aparentando ser algo que no somos. Soy de las personas que no le gusta echar la vista atrás, de las que no quiere recordar las cosas ocurridas en... Leer más


No siempre somos lo que proyectamos

Esta es la reflexión que me hago y que con la llegada de las redes sociales veo como camuflamos la realidad aparentando ser algo que no somos.

Soy de las personas que no le gusta echar la vista atrás, de las que no quiere recordar las cosas ocurridas en el pasado, ni lo bueno y mucho menos lo malo. En otras palabras podría decir que la nostalgia no es mi amiga.

Para mi cualquier tiempo pasado no fue mejor, y si lo fue intento que el que está por venir lo iguale o lo mejore.

Siempre miro hacia adelante. Proponiéndome metas que conseguir, planificando mi día a día e intentando alcanzar mis sueños para cuando los consiga ponerme otra meta.

Hace algunas semanas, y para que mis sobrinos de 10 y 11 años descubrieran lo guapa que era la abuela de joven y que su madre y titos también fueron un día bebés, adolescentes y jóvenes, hicimos en casa una sesión de películas de cuando éramos “chicos”. Películas grabadas con Tomavistas Super 8 y pasadas a DVD al más estilo casero, proyectada en la pared blanca y grabada con la cámara de vídeo SONY. Muchos recuerdos están guardados en esos DVD´s
Mis sobrinos alucinaron, hubo todo tipo de comentarios pero el que más me sorprendió y he tomado nota, ya que la vida se percibe de otra manera desde los ojos de un niño, es cuando me dicen:

“Tita tu siempre estabas riéndote y de cachondeo”

Me hizo gracia ver cómo la proyección que transmitimos puede encasillar o dar una imagen equivocada.

Este comentario me hizo pensar en los medios sociales y audiovisuales que había antes y en los de ahora. En nuestro caso grabábamos en alguna ceremonia familiar, o de forma puntual, (a veces realizábamos actuaciones y spots al estilo programas de TV donde cada hermano mostraba sus habilidades en el mundo del espectáculo) y que por supuesto se compartía con tu círculo familiar y algún que otro amigo.

Podemos decir que fueron los orígenes de lo que hoy conocemos como las redes sociales.

Publicamos nuestros mejores momentos, nuestra mejor sonrisa y nuestros logros. Mostramos lo que queremos proyectar, pero esa proyección no siempre es la realidad.

Después de un photocall, monísima y super sonriente, rodeada de mucha gente se encuentra la preocupación diaria de una mujer, de una madre, de una empresaria,…

Publicamos lo que queremos que los demás vean de nosotros pero ni mucho menos es toda la realidad.

A la pregunta/afirmación/percepción de mi sobrina le contesté:

“Sabíamos que estaba la cámara, por lo que intentábamos que nos grabaran riendo y pasándolo bien pero que en nuestro día a día teníamos muchas obligaciones y no siempre todo era fiesta”.

Pues en las redes sociales pasa igual, subimos o publicamos lo que queremos transmitir, sabemos que nos van a ver mucha gente por lo que intentamos que lo que se comparta sean cosas buenas y cosas bonitas, pero no te equivoques, “no es oro todo lo que reluce”.

¿Y tú, eres de l@s que publicas todo en redes sociales? ¿Controlas tus sentimientos ante un Facebook o un Twitter? ¿Somos lo que proyectamos?


  1. Leonor Cabrera says:

    ¡Muy buena reflexión! Así es, parece que en las redes sociales ni sentimos ni padecemos. Quizás el ser más humanos y transparentes también le vendría bien a nuestras empresas 😉

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