Hasta dónde podemos contar

Suplantación de identidad, un hecho que debemos considerar Toda la información está en Internet. Eso hace que en muchas ocasiones nos facilite la vida. Pero cuando se trata de nuestros datos personales  ¿hasta dónde podemos contar?  ¿Te has preguntado qué saben los buscadores sobre nuestra persona? ¿has hecho alguna vez la prueba? Esta semana me... Leer más


Suplantación de identidad, un hecho que debemos considerar

Toda la información está en Internet. Eso hace que en muchas ocasiones nos facilite la vida. Pero cuando se trata de nuestros datos personales  ¿hasta dónde podemos contar?  ¿Te has preguntado qué saben los buscadores sobre nuestra persona? ¿has hecho alguna vez la prueba?
Esta semana me contaba una amiga un caso que le ha ocurrido y que me ha hecho reflexionar y escribir este post.
Mi amiga, como muchas jóvenes de hoy día, se encuentra buscando trabajo, utiliza las redes sociales y tiene presencia en los portales de empleo.
Como buena conocedora de las nuevas tecnologías tiene perfil en LinkedIn, donde aporta la máxima información laboral a fin de que alguna empresa se fije en ella.
El caso es que el otro día recibió un mensaje privado en esta red social, un abonado Premium (es decir paga por tener mayor información) le contacta, no era un mensaje de trabajo más bien unas líneas halagando su perfil.
El tipo, aparentemente de buen parecido y según él de la otra parte del mundo, le resultó simpático y porque no decirlo “a nadie le amarga un dulce”, por lo que empezó a interactuar con él.
Durante una semana se han ido mensajeando, enviándose fotos. Por lo que él contaba viudo, con una niña. La hija entra en escena diciendo que si quiere ser su madre.

Mi amiga empieza a “oler a chamusquina”. Él le escribe y llama a diario, le dice que va a cruzar el charco para conocerla, y empieza a coger confianza y a indagar sobre sus propiedades. Mi amiga viendo la situación un tanto extraña le plantea: “¿Vamos a hablar por Skype y así te veo la cara? a lo que el tipo se negó alegando falta de tiempo y hasta el día de hoy.
Así que la conclusión que sacamos mi amiga y yo es que: ni el individuo era el de la foto, probablemente no vivía donde decía, por supuesto ni niña, ni empleo ni nada de nada, una suplantación de identidad en toda regla, amparada por el anonimato que concede Internet.
Mi amiga me comentaba, “toda mi información está en internet y en parte por las Redes Sociales”.

Y es que a la hora de tener presencia en Redes Sociales es importantísimo rellenar y configurar bien el apartado de privacidad. Hay que contar únicamente lo que quieras que se sepa, pero sin dar datos relevantes y por supuesto nada de fotos comprometidas.

Asegúrate antes de facilitar información privada en un sitio web que la información viaja cifrada (la url empieza por https) y que la empresa sea legítima.

La prevención es en estos casos la mejor arma. Para evitar ser víctimas de una suplantación de identidad, debemos cuidar los archivos o datos que subimos a Internet y las Redes Sociales, así como proteger nuestras cuentas con contraseñas robustas que impidan que terceras personas puedan entrar en ellas sin nuestro consentimiento.

Y para terminar haz la prueba y pon tu nombre  entre comillas en el buscador que utilices. Piensa que toda esa información que aparece la puede ver cualquiera por lo que espero que este post te sirva para ser más cuidadoso con la información, tanto escrita como gráfica, que publiques y te plantees la pregunta ¿”Hasta dónde podemos contar”?

 


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